• Roberto A. Restrepo

REFLEXIÓN DESDE EL ANOROC SURIV

EL MUNDO ES UN CORAZÓN Y TAMBIÉN UNA SINRAZÓN

Este mundo olvidó que todo nuestro espacio y tiempo se comporta como una doble espiral, ciclo en el cual una parte se desenrolla cada momento y la otra vuelve a enrollarse en un viaje al origen, que nunca es igual ni circular.


Nos desenrollamos como especie humana, olvidando que nos enrollamos como un tejido de vida, del cual somos solo una parte maravillosa, única, pero parte, hilo, no dueños de su control y su destino. Nos hemos desenrollado como visión, pensamiento y cultura, ajenos a nuestro entorno, separados de lo aparentemente no humano o inanimado, sin entender que en el enrollamiento todo lo que existe en nuestro entorno tiene vida, conciencia, pensamiento y conocimiento. Y, sobre todo, sentimiento.


Nos desenrollamos como creencias y religiones, hablando de la hermandad y el amor, como un discurso teórico desde nuestro cuerpo y nunca desde nuestro corazón, sin saber que al enrollarnos el amor es la esencia en que nos movemos y la hermandad el principio de una Ley de Origen que olvidamos.


Los sabedores ancestrales nos contaban y cuentan que esta Ley de Origen llegó con nuestras madres y padres fundadores de nuestro linaje, desde las estrellas, desde el universo mismo, y es tan simple y verdadera que un poeta dijo de ella: “es profunda como el mar y simple como un anillo”; consistís simplemente en tener la conciencia de que esta vida donde fungimos como humanos es una crianza mutua entre la comunidad humana, la comunidad de la naturaleza y la comunidad de la expresión de lo sagrado, donde criamos para ser criados, pero como criamos somos criados. Así de simple, de sencilla, de profunda, de arrobadora y verdadera. ¿Cómo pudimos olvidar algo tan esencial?


Hoy, cuando nuestras creencias, visiones, pensamientos y culturas están seriamente cuestionadas por las otras dos comunidades y, poco a poco, por nosotros mismos, comenzamos a entender que debemos desenrollarnos en un nuevo sentido, abrazando toda vida, glorificándonos en ella, con un abrazo interminable y una mirada sin distancias, día, luz, verano, experimentación, para enrollarnos desde nuestro femenino en la noche oscura sin temores ni inseguridades, para tejer en nuestro corazón esta experiencia y volverla Ley de Origen cada nuevo día, cada perfecto instante. Por algo nos decía Carl Sagan en Cosmos: “cómo vamos a temer a la noche si hemos amado tanto las estrellas”.


Volver a criarnos como quisiéramos ser criados, con todo el amor, la satisfacción, la hermandad y el abrazo, sabiendo que lo definitivamente importante en este camino de humanidad, donde estamos aprendiendo a ser verdaderos seres humanos desde una forma coherente de estar en el mundo, es la forma como hacemos este camino, no las metas aleatorias que tomamos. Caminemos pues, de nuevo, juntos, tejiéndonos de nuevo en la urdimbre de nuestra Ley de Origen, y amemos y respetemos esa trama formidable de cada forma de vida y cada comunidad con las que interactuemos. Solo así podremos sobrevivir esta crisis y aprender de ella lo que necesitamos.

0 vistas

@2019 Roberto A.  Restrepo| Pensamiento Americano| Creado con Wix.com